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Cristina Pino:Vinificar España y México

En la temporada MX Sin Fronteras de ReWine, conocemos la historia de una mujer cuya energía inquieta y pasión por lo tangible la trajo desde los campos de España hasta el corazón de la vitivinicultura mexicana. Cristina Pino, enóloga de formación agronómica y doctorado en ciencias, ha sido pieza clave en la evolución de bodegas icónicas como Monte Xanic y Santo Tomás. Su trayecto es un testimonio de curiosidad, rigor científico y un amor profundo por la tierra que elige habitar.

De la agronomía a la enología: Un camino de pasión

Criada entre viñedos y huertos en España, Cristina heredó de su familia un vínculo irrompible con el campo. “Mis padres tenían un viñedo cuando yo era chiquita… me encantaba ir, pero no solo por la uva, sino porque había un huerto”. Aunque su primer amor fue la arquitectura, el destino —y su padre— encaminaron sus estudios hacia la ingeniería agrónoma.

Un curso de viticultura en climas cálidos en Jerez fue la semilla. “Ahí conocí a dos mexicanos… probamos vinos y en aquel momento (2002) a algunos les faltaba un poco de gracia”. Esa curiosidad por lo mexicano, sumada a una invitación para dar clases en Puebla, la trajo al país. “Ya entendí México, entendí la idiosincrasia”.

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Baja California: El llamado del terruño

Con la determinación de “agarrar al toro por los cuernos”, Cristina llegó a Valle de Guadalupe. Primero con Hans Backhoff en Monte Xanic, donde tuvo carta blanca para innovar. “Se pensaba que vinos blancos aquí no se podían hacer, y demostramos que sí”. Luego, el reto de revitalizar la histórica Santo Tomás. “Era un súper reto… incrementar volumen, instalaciones antiguas. ¿Dónde me he metido?”.

Bajo su dirección, Santo Tomás modernizó sus líneas, introdujo estilos como el vino naranja y el natural, y recuperó su lugar en la conversación vitivinícola nacional. “Vinimos a revolucionar, sobre todo, la parte de blancos y rosados”.

México: Un hogar que se elige

Para Cristina, echar raíces en México fue una elección natural. “Hoy me siento en casa… el mexicano tiene una calidez, una alegría, una cercanía que no tiene nombre”.

Rechaza haber enfrentado barreras por ser mujer o extranjera. “Si uno demuestra conocimiento y hace las cosas con cariño y respeto, no tiene por qué haber problema… al final hacemos familia con los colegas”.

Su compromiso la llevó a formar parte activa de comités técnicos como Provino y el Consejo Mexicano Vitivinícola, representando a México incluso en la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). “Para la OIV, México ha sido un gran aporte… hemos podido aportar datos palpables”.

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Micha Micha y la disrupción en lata

Fiel a su espíritu innovador, co-creó Micha Micha, un espumoso de alta calidad en lata. “La idea era ser disruptiva… hacer un vino bueno, extraordinario, que podría estar en una botella, pero en lata”.

Contra todo pronóstico, encontró su mayor éxito no en los jóvenes, sino en adultos que valoran la relación calidad-precio y la practicidad. “El que de verdad consume vino lo ha encontrado una joya”.

La botella Cristina

Si su filosofía se pudiera embotellar, sería un espumoso. “Las burbujas son sinónimo de alegría, de sacarte una sonrisa”. Un vino que hable de compartir (“micha micha” significa “a medias”), de innovación sin miedo y de la alegría de crear algo que regala momentos. Una metáfora perfecta de una enóloga que encontró en México el lienzo en blanco perfecto para escribir su historia.

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