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Cuando el running inspira: Sebastián Pérez García

A veces, la pasión en el deporte surge en el terreno de lo inesperado. En Sebastián Pérez García, la pasión por el running surgió a través del relato de Memo García, un buen amigo y fotógrafo que había dejado huella en el Maratón de Nueva York, uno de los seis que ostentan el título de “Gran Maratón” y el de mayor cantidad de participantes en el mundo. 

Sebastián tenía 25 años, pero inspirado en la narrativa de Memo decidió inscribirse en el que fue su primer maratón del orbe.

Dos décadas después de aquella hazaña, sus zancadas han tocado el asfalto de Berlín y Londres, sentido el calor de Miami y desafiado los vientos de Chicago.  En otras ocasiones ha cruzado las líneas de meta en San Antonio, Boston y Toronto

Ex secretario general del Ayuntamiento de San Luis Potosí y actual coordinador del Comité Operativo Municipal provisional de Movimiento Ciudadano, Sebastián Pérez García explicó que la bondad del running radica en su sencillez.

Con un par de buenos tenis y la disposición de salir a correr se ha aventurado a un alto nivel de exigencia, donde las endorfinas y emociones convergen en cada trote para llevar su cuerpo al límite y su mente al éxtasis.

Del maratón entendió que el desafío no es contra otros rivales, sino con su propia marca, resistencia y tiempo de recorrido. También aprendió que la disciplina y la paciencia son las principales exigencias, pues de estas virtudes depende calificar en cada competencia. 

El maratón no es de buenos o malos, sino de corredores entrenados y no entrenados”, aseguró. 

El más memorable de todos 

Cada maratón es un mundo en sí mismo, pero el más memorable para Sebastián ha sido el de Nueva York 2013. El reto era colosal en aquel año: necesitaba clasificar al Maratón de Boston en menos de tres horas con diez minutos

Se había preparado físicamente durante un año, cuidado su alimentación al máximo y adquirido una concentración para resistir una prueba de 42.195 kilómetros por los cinco barrios que conforman a la “Gran Manzana”. 

Desde aquel instante que pisó el puente Verrazano, con su imponente vista al mar entre los distritos de Staten Island y Brooklyn, supo que entraría a una carrera diferente.  

Confiesa que se contagió por las porras de la multitud, la música y una energía colectiva que parecían inyectarse en cada zancada. En un abrir y cerrar de ojos, pasó por las calles de Brooklyn, Queens, Manhattan, Staten Island y El Bronx hasta llegar a Central Park

La atmósfera de los últimos cinco kilómetros creó un escenario de ensueño, con el sonido de las hojas cayendo de los árboles, la gama de colores al natural y la entrega total de los neoyorquinos que animaban a cada runner

Aquella mañana nublada, dice, sintió el esfuerzo de cada respiración, como si su cuerpo fuera una máquina llevada al límite que respondía con fuerza en cada pisada para lograr un tiempo de tres horas con siete minutos y 38 segundos

Te sientes privilegiado, te sientes un verdadero profesional tratando de lograr su sueño, y de repente entré en ese trance de agradecer todo. El poder hacer este deporte al mejor nivel, estar físicamente al cien, tener las condiciones para poderlo hacer y privilegiado porque no había ningún impedimento para hacer lo que me apasionaba”, aseguró. 

Como la vida misma 

Similar a otras áreas de la vida, Sebastián descubrió que la esencia del running recae en la constancia y la determinación. Así como enfrenta los desafíos propios y ajenos de una carrera, lo hace en su rol de político, académico o padre de familia. 

Si esta actividad deportiva demanda semanas, meses y años de entrenamientos para superar una marca, la actividad política exige diálogo, negociaciones y puntos de vista casi en el mismo periodo para lograr políticas públicas que beneficien al bien común.  

Mientras que una buena investigación académica requiere de arduas lecturas, ideas, escritos, hipótesis y más lecturas con el propósito de crear un buen ensayo, preparar una clase u ofrecer una conferencia magistral. 

Lo mismo sucede con el servicio público, la gente necesita resultados tangibles y menos rollos ideológicos. Actos son amores y eso es la esencia del maratón: hábitos y disciplina”, compartió. 

Correr como terapia 

Por esa pasión a la pista, Sebastián Pérez García o “Sebas”, como le dicen amigos y conocidos, acostumbró a su cuerpo a experimentar una sensación de adrenalina. En los días hábiles realiza una rutina diaria de entrenamiento y en los fines de semana corre distancias largas en compañía de amigos y un entrenador calificado. 

Agendo mi semana laboral, compromisos etc, en base a mi programa de entrenamientos y de esta manera, logró tener una estructura de tiempos ordenados”, explicó. 

Para Sebastián, trotar es su terapia y un pretexto perfecto para compartir experiencias con corredores de todo el mundo, aprendiendo de sus propios rituales, técnicas y tecnologías que los impulsan a mejorar. 

A modo de conclusión, reveló que, a lo largo de 20 años, ha aprovechado las enseñanzas de cada maratón para convertir la competencia en una valiosa lección

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