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La increíble travesía de un paleontólogo aguascalentense

El descubrimiento de una especie nos permite comprender de forma más precisa algunos aspectos de nuestra realidad. La paleontología se ocupa de esta tarea. Nos plasma testimonios en los que seres muy distintos a nosotros desaparecieron por determinadas causas, las cuales son explicadas mediante el análisis de fósiles. Con esto, se constituye una parte importante de la historia de la Tierra.

Ese afán por encontrar nuevas especies rondaba constantemente la cabeza de Rubén Guzmán Gutiérrez, un paleontólogo aguascalentense. Pero la realidad era que en México había pocos hallazgos en esta disciplina. Al revisar algunas investigaciones previas, se dio cuenta de que existía una fuerte riqueza fósil en el país, por lo que probablemente se podría encontrar algo diferente a lo habitual.

Su inquietud creció aún más debido a que cerca de la frontera entre México y Estados Unidos, se encuentra un recinto que hasta hoy es referente en la paleontología: el Big Bend National Park, ubicado en Texas, el cual comprende una amplia extensión desértica repleta de fósiles. Ahí se han descubierto especies que vivieron hace aproximadamente 70 millones de años, pertenecientes al periodo Cretácico, el último de la Era Mesozoica.

La duda que condujo al hallazgo

Ante esto, a Rubén le surgió una interrogante: “Si en el pasado no existían las fronteras, ¿por qué en territorio mexicano no había tal cantidad de hallazgos?” El paleontólogo decidió buscar la respuesta en el lugar de los hechos.

Uno de sus amigos, Francisco Palomino, trabajaba como jefe de paleontología y petrografía en el INEGI, y al igual que él, compartía la inquietud por explorar los alrededores de la frontera en busca de fósiles. Impulsados por ese interés se propusieron realizar una expedición en conjunto. El destino era una zona en donde Francisco conocía evidencia de restos de dinosaurios: el municipio de Ocampo, en Coahuila.

“Si en el pasado no existían las fronteras, ¿por qué en territorio mexicano no había tal cantidad de hallazgos?”

En 2006 iniciaron el trayecto. Ambos se contactaron con el Museo del Desierto, ubicado en Saltillo, Coahuila, y firmaron un convenio de colaboración para explorar el sitio. Ese fue el comienzo de una investigación que duró casi diez años y que llevó al descubrimiento de lo que podría ser (aún está por confirmarse) una nueva especie de dinosaurio.

Al año siguiente de haber comenzado su viaje, realizaron las primeras excavaciones. Héctor Rivera Sylva, también paleontólogo, se unió al equipo y terminó por convertirse en una parte fundamental de él. En la expedición, encontraron varios fragmentos de lo que creyeron era un hadrosaurio (dinosaurio herbívoro cuyo hocico era semejante al pico de un pato); pero estos no formaban un hueso completo. En 2008, durante la segunda expedición, hallaron más piezas.

Cuando entendieron que aquello no era común

“Descubrimos varios huesos, en ese momento no sabíamos de qué se trataba. En el proceso de limpieza comenzamos a detectar que no era un dinosaurio común. La mayoría de los que encuentras en esta región son hadrosaurios o dinosaurios pico de pato. Este era distinto”, explica el paleontólogo aguascalentense.

La intuición de Rubén y Héctor los llevó a pensar que se trataba de una nueva especie, probablemente un ceratópsido, una familia de dinosaurios que incluye a todos los que tienen cuernos y que a su vez se dividen en dos: los chasmosaurinos y los centrosaurinos.

Hipótesis confirmada

En 2010, ya cuando los fragmentos estaban limpios, se los mostraron a Peter Dodson, una autoridad en paleontología de la Universidad de Pensilvania. El experto confirmó la hipótesis de los investigadores: era un ceratópsido, pero no de cualquier tipo, sino un centrosaurino que por su edad geológica podría pertenecer a un nuevo género.

Se trataría de un dinosaurio pequeño, de apenas tres metros de longitud, con un peso aproximado de 750 kilos. En su cuello tiene una gola (un hueso que protege el cuello de ser mordido), además de cuernos en el cráneo. Por sus características, se puede decir que no era un depredador, sino un herbívoro.

En diciembre de 2016, la revista National Geographic le dedicó el artículo de portada a la investigación.

Sin embargo, el equipo de paleontólogos no estaba cerca del final. Durante cuatro años se dedicaron a sustentar el hallazgo de fósiles y realizar un tedioso, pero necesario proceso administrativo. En diciembre de 2016, la revista National Geographic le dedicó el artículo de portada a la investigación. Para Rubén, esto significó una referencia importante a los resultados de su trabajo.

De acuerdo con la publicación, en México solo se había encontrado al chasmosaurus. El primero fue hallado por el paleontólogo Ángel Silva Bárcenas en 1969, y el segundo, por Claudio de León en 2010. Por eso, el descubrimiento se ha convertido en uno de los más recientes y relevantes para la paleontología en el país.

Aunque la búsqueda comenzó hace poco más de seis años, aún no termina. Falta que el jurado que evalúa los hallazgos confirme la hipótesis de los paleontólogos. Ahora, el equipo espera impaciente la conclusión del análisis. No falta mucho para que puedan dar el último paso: nombrar al dinosaurio.

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