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Harriet Doerr, la extraña que inmortalizó Asientos

Hay poca literatura que rescate al municipio de Asientos del paso del tiempo. Las obras que se han realizado, de forma general, hablan sobre el estado y son compendios de imágenes que nos acercan al Aguascalientes de antaño. Se dice que para que un idioma se considere como tal, debe existir literatura que lo sustente. En este sentido, Asientos fue inmortalizado gracias a una extranjera que decidió escribir sobre el.

Harriet Doerr nació en California el 8 de abril de 1910. Cuando tenía 16 años conoció al hombre que la llevaría a encontrarse con la fuente de sus relatos: México.

Albert Doerr, un joven ingeniero proveniente de una familia adinerada había heredado una mina en el municipio de Asientos. La familia de Doerr gozó de la explotación de la mina hasta que estalló la guerra en México, cincuenta años antes de que Harriet y Albert se aventuraran a viajar hasta allí.  

“Piedras para Ibarra es el primer libro de Harriet Doerr, y aunque es una novela de ficción, rescata los recuerdos de cuarenta años que la pareja vivió en Asientos”

En 1935, embarazada de su segundo hijo, Harriet siguió a su marido, dejando la vida que conocía en Estados Unidos y su cabaña cerca del mar, para viajar a las montañas de un semidesierto mexicano. La norteamericana describió a México como un lugar místico, años más tarde, este país inspiraría sus relatos literarios.

Piedras para Ibarra es el primer libro de Harriet Doerr, y aunque es una novela de ficción, rescata los recuerdos de cuarenta años que la pareja vivió en Asientos. El libro narra la historia de un matrimonio norteamericano que llega a vivir a Ibarra, un pueblo minero ubicado en el municipio de Concepción (Aguascalientes). En dieciocho capítulos se desarrolla la historia de Sara y Richard, que oscila entre la vida doméstica de la pareja y los hechos que le ocurren a diversos personajes del pueblo. Doerr narra estos últimos a través de la visión del extranjero, que inevitablemente se mantiene un poco ajeno y maravillado ante la cultura extraña.

De: IFC Resources
De: IFC Resources

La importancia de esta obra radica precisamente en este hecho. Harriet escribe a priori, sin el juicio de quien sabe la historia de un país o mira sin curiosidad y más bien con dolor, la pobreza, el abandono, la superstición. La novela de Doerr carece del olfato antropológico, por lo que puede ser un texto sumamente objetivo desde esa visión.

Cuando Harriet llegó a México, en una primer visita, se horrorizó de la pobreza. Pero durante sus estancias posteriores descubrió la forma de apreciarla y otorgarle cierta estética.  En una entrevista la escritora dijo: “El espíritu mexicano es muy notable, no es que no se pongan tristes, pero parecen tener una visión larga, larga o tener una profundidad de percepción que a nosotros nos falta”.

Al igual que Harriet narra los hechos que acontecen en el pueblo, con esa superficialidad, acontecen las relaciones de Sara, Richard y los locales. Richard es diagnosticado con leucemia y muere cinco años después, Albert también fue diagnosticado con esta enfermedad en 1962, pero vivió la mitad del tiempo que el personaje. En la novela hay una constante por ocultarle a los vecinos la enfermedad de Richard, nunca se narra la angustia que pudo vivir durante su enfermedad y no se retoma con sentimentalismo el hecho, simplemente “se narran las cosas como son”. 

Durante su estancia en Asientos, Harriet no llevó un diario ni escribió Piedras para Ibarra, sería años después, tras fallecer Albert y regresar ella a California, que la escritora iniciaría con su obra, tratando de construir imágenes a través de sus recuerdos.

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Escena de la película Piedras para Ibarra

La primera edición de Piedras para Ibarra se hizo en 1988, fue traducido al español por el poeta Gerardo Deniz y posteriormente, en 2007, el Instituto Cultural de Aguascalientes se encargó de una segunda edición. Luego en el mismo año Jack Gold hizo una película sobre este libro.

Sin duda es importante considerar esta novela si se quiere estudiar a Asientos, su historia, su aletargado tiempo y su semblante que dibuja todos los rasgos de un México típico; visto desde los ojos de una extranjera.

 

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