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La nostalgia de lo real de Le 1991

En celebración del Día Mundial del Rock, Líder Empresarial entrevistó a Le 1991. Experimentación, distorsión, delay, así como el constante ir y venir del ruido unen al dúo compuesto por Ramón Martínez (batería) y Paco Camacho (guitarra y voz) en una pequeña unidad que no necesita muchas presentaciones.

Oriundos de Aguascalientes, lanzaron su primer EP en 2015 y, a la fecha, han realizado varios shows a lo largo de todo el país. Firmados por la disquera Cintas en Monterrey, con su último sencillo, al lado de Lorelle Meets the Obsolete, han alcanzado oyentes en Sudamérica, Estados Unidos, Rusia y Londres.

Cada uno de sus EPs y sencillos ofrece una vista panorámica hacia su atlas interior, paisajes nocturnos y paraísos solitarios que son, a la vez, el sentir de un público más especializado. A su vez, los sitúan entre las fronteras de varios géneros que van del noise pop al shoegaze, límites borrosos que los dejan sin lugar bien definido al cual anclarse y sentir que pertenecen, temas que también permean en su obra.

LE: Con más de ocho años de carrera, ¿cómo dirían que han evolucionado como banda? ¿qué tanto han cambiado? ¿Qué han aprendido a hacer diferente?

Paco Camacho:
Hemos aprendido a ser más selectivos en los lugares donde tocamos. Mientras más partes del país hemos visitado, más nos damos cuenta de que es una inversión de energía, tiempo y dinero. Es la mayor experiencia que podría rescatar y mi gran lección, además de trabajar constantemente las relaciones, construir lazos con prensa, otros músicos, promotores, etc.


Ramón Martínez:
Nos dimos cuenta de que esto no viene fortuito, hemos aprendido mucho a tener paciencia con nosotros mismos y la banda. Si llevamos casi más de 15 años tocando juntos, hemos aprendido a soportarnos. También es eso, conforme se avanza, saber más cosas en el camino, vas aprendiendo cosas de la otra persona y eso también enriquece a la banda. Todo es una colaboración.

LE: ¿Qué discursos sienten que definen su obra? ¿Qué les genera afinidad?

P: Creo que nos identificamos con toda cosa que esté haciendo un esfuerzo por existir. Como banda nos adaptamos. Muchas de nuestras canciones hablan de sentirse “fuera de”, tratar de encontrar un lugar, encontrar una identidad, todo lo que tenga que ver con la búsqueda. Constantemente todos están en ese proceso. Nadie se conoce totalmente, siempre estamos resignificándonos. Todo lo que tenga que ver con eso creo que es cercano a la banda.

LE: Al caracterizarse por un sonido saturado de capas y texturas pero, a la vez, introspectivo y melancólico, ¿cómo definirían el límite que llevan entre lo público y lo privado en su música? ¿Se transforman en alguien totalmente diferente o llevan hacia afuera el interior? 

R: En mi caso es sacar algo interior. El hecho de que nuestras canciones surjan a partir de sonidos, no a partir de letras, hace que de manera más subjetiva se refleje el contexto que estamos pasando en nuestras vidas. A lo mejor no se habla explícitamente, pero el sonido sí lo refleja. Desde que iniciamos, siempre tuvimos ese sentido de atmósfera, que nuestra música tenía que sentirse envolvente, no sólo melódica. En ese ambiente también viene ese sentimiento del que hablas, nunca planeamos temas específicos.

LD: ¿Sueñan los androides con sus sonidos electrónicos?
P:
Los androides no sueñan.
R: Yo creo que sí… Yo creo que sí.

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