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Legado rielero: orgullo y patrimonio de Aguascalientes

Marcelino Martínez González nació en 1903 en la comunidad de Pilotos en Asientos, Aguascalientes. Como otros hombres de la época migró a la capital del estado. En 1930 ingresó al ferrocarril, donde realizó diversas actividades como pailería y tapicería. Su hijo, Juan Manuel, también fue parte del gremio rielero; se incorporó en 1960 y realizó tareas en las áreas de almacén y en laminación. El hijo de este, Juan Manuel chico, cómo le decían, entró a la empresa en 1984 y fue ayudante auxiliar.

Tres generaciones, como muchas familias aguascalentenses, que con sus vivencias dan testimonio de nuestro legado ferrocarrilero (y que es imperativo conservar). Esta base constituye la muestra de la contribución del estado al crecimiento y desarrollo del país, así como los cimientos que hoy nos distinguen por tener una industria pujante -dado que los talleres fueron el detonante de la actividad terciaria-.

Todavía a mediados del Siglo XIX, la población de Aguascalientes se dedicaba prioritariamente a la agricultura y a la ganadería. A finales del mismo siglo, se gestó un cambio radical en la estructura social y económica tanto de la capital como del estado, refiere la directora general del Museo Ferrocarrilero de Aguascalientes, Aída Rangel Rodríguez.

“El 24 de febrero de 1884 es la fecha oficial del paso del primer tren por territorio aquicalidense. Para atender la demanda de los nuevos servicios se habilitó una pequeña estación, hoy desaparecida, y para 1897 es puesta en servicio la Bodega o Almacén de Carga”, explica.

En 1897, tras la donación de 832,530 metros cuadrados de área, se firmó el contrato mediante el cual se acordó la instalación, en la ciudad, de los Talleres Generales de Construcción y Reparación de Máquinas del Ferrocarril. La edificación del complejo inició en 1898; la primer área en operar fue la Casa Redonda, mientras que para 1903 arrancaron las fundiciones de fierro y bronce. En ese momento la plantilla laboral era de 1,073 trabajadores.

Hacia 1911, fue inaugurada la nueva estación del ferrocarril (que hoy todos conocemos) y los talleres también desarrollaron una mayor actividad. Una muestra es la emblemática Locomotora 40, construida en su totalidad en el estado, que fue puesta sobre los rieles en 1913.

“Gracias a la magnitud, ebullición y trabajo desarrollado en los talleres del ferrocarril, Aguascalientes estaba siendo conocido en la escena internacional. La ciudad se transformó de agrícola a industrial, cambió su estilo de vida y traza urbana”, comenta Aída.

Para entonces los talleres ocupaban a alrededor de 3700 trabajadores. Comenzaron a desarrollarse colonias y fraccionamientos casi exclusivos para ellos; a la ya existente colonia Ferronales (cuyos primeros propietarios habían sido funcionarios extranjeros) se sumaron otras como la del Trabajo y Gremial Ferrocarrilero (hoy conocida solamente como Del Trabajo y Gremial), Héroes, Jardines de la Cruz, Volcanes, entre otras.

Entonces llegó el diésel

En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas expropió los Ferrocarriles Nacionales de México por considerarlos estratégicos y de utilidad pública para el país. Una década después se concretaría el cambio del vapor al diésel con el arribo de la primera locomotora de ese tipo a la entidad. En 1963, se envió la última máquina de vapor de Aguascalientes a la capital del país. Para 1967, los talleres ya contaban con 53 departamentos.

La llegada del diésel impactó, no sólo la fisonomía de los talleres, sino que también le imprimió un mayor dinamismo a la actividad; se estima que en esa época llegaron a laborar hasta 5000 trabajadores -muchos de los cuales recibían capacitación incluso en el extranjero-.

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De hecho, está documentado que en 1979 funcionarios de la Compañía General Electric visitaron los talleres y los calificaron como los más grandes de Latinoamérica. En 1980 inició a nivel local el armado y ensamble de máquinas diésel-eléctricas; se asumió el compromiso de entregar mil locomotoras en diez años.

“Donde había paso del ferrocarril había una estación y un almacén, era lo común en los estados. Pero no todos tienen talleres, y en ningún estado del país, ni en toda Latinoamérica hay unos talleres como los que tiene Aguascalientes. No es una plática de pasillo, hay un estudio formal sobre eso”, recalca Rangel.

Los ferrocarrileros nunca hubieran imaginado que esta industria consolidada sufriría modificaciones. Sin embargo, en 1991 se anunció la privatización de la Constructora de Carros de Ferrocarril (y posteriormente la comercialización, los servicios, así como el mantenimiento de vías y reparación). En 1995 comenzaron las licitaciones para obtener los títulos de concesión.

Industria ferroviaria, a la carga

El cierre de los talleres del ferrocarril no significó que los aguascalentenses se desligaran de la mole de acero; independientemente del rescate que se ha emprendido en la zona donde se laboró por décadas (trabajos iniciados hacia 2003 y que no han concluido), nuestro estado continúa como un punto importante para el traslado de mercancía por las vías del tren.

Raúl Vázquez Valdés, secretario general de la Sección 2 del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), refiere que actualmente hay alrededor de 600 trabajadores en activo en Aguascalientes -de aproximadamente 40 mil a nivel nacional-. Sus edades oscilan entre los 22 y los 35 años. Se desempeñan principalmente como maquinistas y garroteros.

“Ahorita queda lo que es el sistema ferroviario de carga (…) Los trenistas llevamos los distintos materiales y productos a toda la república, inclusive a Estados Unidos”, comenta. Se transportan productos para las industrias agrícola, minera, energética, química, automotriz e intermodal. “Un solo tren puede llevar hasta 18 mil toneladas”, apunta Vázquez.

Ferrocarriles Mexicanos (FERROMEX) de Grupo México es considerada una de las empresas más importantes. De igual manera, también operan en el país: Kansas City Southern de México, Intermodal México, Ferrovalle, Ferrosur y Ferrocarril Coahuila Durango (entre otras).

“El trabajo del ferrocarril es uno de los más importantes. Es muy bueno fomentar el conocimiento de la industria, porque son las raíces del estado”, remarca.

Fuentes: Gobierno del Estado de Aguascalientes, Museo Ferrocarrilero de Aguascalientes.

Fotos: Museo Ferrocarrilero de Aguascalientes

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