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Los cuatro barrios de Aguascalientes

Si anda de visita por la capital del territorio aguascalentense, lo invito a darse una vuelta por los famosos cuatro barrios que conforman al Aguascalientes clásico: Guadalupe, San Marcos, El Encino y La Estación.

El Barrio de Guadalupe, de tradición alfarera, comenzó a tomar forma durante la segunda mitad del siglo XVIII, impulsado por la actividad comercial de la Villa de Aguascalientes con Zacatecas y Jalpa. Gracias al comercio entre las tres villas, surgieron en la zona una serie de bodegas, tiendas, mesones y comedores que poco a poco dieron forma al lugar.

Su máximo orgullo es el Templo de Guadalupe, construido entre 1767 y 1789. De él, destacan la enorme cúpula recubierta con azulejo de talavera y su interior decorado con motivos florales, ángeles y un altar principal de cantera. A un lado de esta edificación, se abrió un cementerio y una plaza en torno a la cual surgieron talleres de curtiduría, alfarería y adoberas, que contribuyeron a la consolidación del vecindario.

El crecimiento de Guadalupe se aceleró a finales del siglo XIX debido al impulso de la Fundición Central Mexicana. En este periodo, los habitantes solicitaron al gobierno local la adjudicación de terrenos para siembra y la apertura de casas de hospedaje y comercios. Esto ocasionó la clausura del panteón que terminó por convertirse en un hermoso jardín. Al iniciar el siglo XX, el barrio había crecido hacia el sur hasta colindar con San Marcos, y hacia el norte hasta el arroyo de Los Arellanos. Con el tiempo, los antiguos mesones se convirtieron en vecindades habitadas por obreros que trabajaban en el ferrocarril.

En julio de 1931, las autoridades eclesiásticas dispusieron la creación de la parroquia. Su primer titular fue el cura Tiscareño Romo, quien emprendió las obras de restauración del Templo de Guadalupe, consolidando al barrio como uno de los más representativos de la ciudad capital.

El Barrio de San Marcos fue fundado en 1604 en un área poblada, en sus inicios, por indígenas tlaxcaltecas. Insignia del mestizaje cultural, desde hace décadas es la sede de la tradicional Feria de San Marcos. Las obras más emblemáticas y representativas del lugar son la Plaza Monumental de Aguascalientes, plaza de toros que se adjudica el segundo cartel taurino más importante del país, y el Jardín de San Marcos, un encantador pulmón verde delimitado por una baranda neoclásica de cantera rosa, con accesos en los cuatro puntos cardinales y remates tipo jarrón.

Frente al jardín, se erige majestuoso el Templo de San Marcos que data del siglo XVII y fue construido durante el curato de Don Manuel Colón de Larreategui. Sustituyó a la antigua capilla del pueblo de San Marcos, la cual había sido edificada por los naturales del lugar. A fines de ese siglo, el templo era considerado de gran presencia ornamental y competía en belleza con la iglesia parroquial de la Villa de Aguascalientes.

El Barrio de El Encino o de Triana se encuentra en el Jardín del Encino, donde resalta una bella fuente central decorada con azulejos. La leyenda habla de un vecino que al hacer leña para poder calentar con fuego a su mujer enferma, encontró en el centro de un tronco a un Cristo Negro, el cual está resguardado en el templo de este vecindario.

Situado junto a un río (hoy, la avenida López Mateos), el barrio fue ocupado primeramente por huertas. En sus fértiles terrenos, se desarrollaron las feroces batallas de la guerra chichimeca y su población fue azotada durante años por terribles epidemias. Después, a principios del siglo XIX, don Jacinto López Pimentel puso una fábrica textil conocida como El Obraje, que cerraría años más tarde debido a la inestabilidad producida por la Guerra de Independencia.

El Encino ha sido bien preservado y ha sobrevivido durante más de cuatro siglos, desde aquel remoto 1565 en el que la Real Audiencia concedió un terreno al andaluz Hernán González Berrocal, cercano a lo que una década más tarde sería la Villa de Aguascalientes. Son visitas obligadas el Museo José Guadalupe Posada y los restaurantes yucatecos que colindan con el jardín. La enorme fábrica de J.M. Romo señorea el sitio desde hace décadas.

El Barrio de La Estación, como su nombre lo dice, nació con la construcción de la estación de trenes (inaugurada en 1911) en Aguascalientes, una de las principales ciudades ferroviarias por donde atraviesa la vía que va de México a Ciudad Juárez. El ferrocarril ha influido de manera determinante en la vida de los aguascalentenses durante los últimos tres siglos: XIX, XX y XXI, en este último con el grandioso museo de locomotoras y el Parque Tres Centurias. Aquí se ubican los extalleres del ferrocarril y la Casa Redonda, donde se puede observar el espectáculo de las fuentes danzarinas. También, cuenta con modernas instalaciones para la realización de convenciones, eventos sociales y ferias internacionales de negocios.

Cerca de este vecindario, se encuentra la Colonia Ferronales, donde se aprecian distintas casas de madera construidas específicamente para ingenieros estadunidenses que trabajaban en el ferrocarril.

En su siguiente visita al estado, no olvide darse un tiempo para recorrer estos interesantes barrios y revivir al Aguascalientes clásico que actualmente se encuentra atrapado entre la modernidad y el progreso.

Alejandro Basáñez Loyola 

Autor de las novelas históricas México en llamas; México desgarrado; México cristero; Tiaztlán, el fin del Imperio Azteca y Santa Anna y el México perdido, de Ediciones B. 

a.basanez@hotmail.com 

Twitter @abasanezloyola

 

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